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Cockcroft “La utilidad del pensamiento de José Martí en nuestras luchas por la paz”

James D. Cockcroft “La utilidad del pensamiento de José Martí en nuestras luchas por la paz” Artículo para Revista Digital Humanidad en Red, No. 10, “En defensa de la paz”

Los fracasos militares y diplomáticos de Estados Unidos, junto con la crisis financiera global, han resultado en la pérdida estadounidense de su hegemonía mundial y una grave amenaza a la posibilidad de establecer la paz. La “peace dividend” (dividendo de paz) del fin de la “guerra fría” siempre fue un mito. La verdad es que los gobiernos de los grandes poderes capitalistas e imperialistas continuaron lanzando sus guerras de extrema violencia contra civiles, ya con armas adicionales como “smart bombs” y “drones”. A la vez, avanzaron los desafíos a los imperialismos, resultando en la creación de múltiples polos de poder y nuevas alianzas económicas y geopolíticas. La economía de China desplazó a Estados Unidos como “número uno”.

En 2014 durante la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC, que excluye Canadá y Estados Unidos) los 33 naciones declararon por unanimidad que América Latina y el Caribe es una “Zona de Paz”. Apoyaron el desarme nuclear “como objetivo prioritario”, junto con “el desarme general y completo.” Se comprometieron a soluciones pacíficas de controversias.

Un año después, durante la VII Cumbre de las Américas en Panamá, todos los países, menos Canadá y Estados Unidos, apoyaron al gobierno democráticamente elegido del presidente Nicolás Maduro, declarando que Venezuela no es “una amenaza”, como lo había proclamado el presidente Obama, sino una “esperanza”. Llegaron millones de firmas de gente afirmando esto.

Estos dos ejemplos de solidaridad para la causa de la paz surgieron en el contexto de una nueva estrategia del imperialismo estadounidense para anular los procesos revolucionarios en países como Venezuela y Cuba – en Venezuela a través de nuevas sanciones económicas, intentos de golpes militares, y desestabilización violenta; en Cuba por medio de negociaciones para la renovación de relaciones diplomáticas y la reunificación en Cuba de los Cinco Héroes (luchadores por la paz encarcelados injustamente en EEUU), sin duda una gran victoria del pueblo cubano pero con el mismo viejo objetivo por parte del gobierno estadounidense de “democratizar” (o sea dominar) a Cuba y establecer el capitalismo. Cómo dijo el Che, “No se puede confiar en el imperialismo ni un tantito así. Nada.”

La praxis revolucionaria de Cuba y Venezuela favorece a la paz y por lo tanto representa un verdadero desafío al imperialismo. Cuba ha hecho un papel clave en las negociaciones por la paz en Colombia y ha enviado a varias partes del globo sus médicos, enfermeras, maestros, entrenadores deportivos, oftalmólogos y otros especialistas que siguen ofreciendo servicios voluntariamente a millones de personas, incluyendo pueblos originarios de Canadá.

Por su parte, Venezuela bajo el liderazgo de Hugo Chávez Frías, el Bolívar del Siglo XXI, ha entregado petróleo y gas a costos bajos o aún sin costo a gente de todas las Américas, incluyendo indígenas y Africano-americanos de Estados Unidos. Venezuela ha ayudado a crear o fortalecer una serie de organizaciones internacionales por la paz y por “Nuestra América,” como la CELAC; el ALBA-TCP; el Consejo de Seguridad Suramericano; la UNASUR; TeleSUR, RadioSUR, PetroSUR y PetroCARIBE; y el MERCOSUR. La política anti-neoliberal de Venezuela ha avanzado la educación y salud pública, mientras ha erradicado el hambre y casi ha eliminado la extrema pobreza. Por eso la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) anunció en 2014 que su plan de erradicación del hambre llevaría el nombre "Hugo Chávez Frías". El “comunalismo”, que en su legajo “Plan de la Patria” (2013) Chávez describió como la mejor manera de lograr el nuevo socialismo venezolano del Siglo XXI, se ha basado en una “democracia directa” de participación popular en las docenas de miles de consejos comunales, una forma pacífica de solidaridad humana opuesta al individualismo y corrupción de sistemas capitalistas.

Claro que los sistemas en Cuba y Venezuela no son perfectos y tienen algunas características capitalistas, incluyendo la corrupción, aunque en escala mucho menor que en los países capitalistas. Los dos gobiernos mismos públicamente reconocen sus fallas, pero el punto clave es la solidaridad humana por la paz que Cuba y Venezuela practican y los intentos constantes de corregir cualquier deficiencia.

Gracias a los procesos revolucionarios en Cuba, Venezuela, y otros países y a la democracia de la base y la lucha por la paz generada por los renacientes movimientos sociales, el corazón progresista del mundo está palpitando en América Latina y el Caribe. Los movimientos sociales – liderados por mujeres, indígenas, Afrodescendientes, otras minorías sociales, estudiantes, obreros y obreras – han sido inspirados por varias ideologías, incluyendo el pensamiento de José Martí sobre la paz, la unidad, y el imperialismo.

Los gobiernos imperialistas contraatacan con la violenta represión de manifestantes pacíficos y un nuevo impulso al financiamiento y creación de “movimientos sociales” supuestamente luchando por “la democracia” y “la paz” pero en realidad actuando como sus títeres. (¡Alerta – cuidado con el concepto “movimiento social”!) Simultáneamente los imperialismos lanzan nuevas guerras sucias de conquista por el control de recursos naturales, así militarizando el mundo. Construyen o fortalecen sus bases militares en el exterior, incluyendo 70 en América Latina y el Caribe, y contratan mercenarios terroristas. A riesgo son las vidas de cientos de millones de personas; la soberanía de las naciones; la soberanía alimentaria; el relativo equilibrio del clima; y la sobrevivencia de la Humanidad y del Planeta.

¿Cómo confrontar esta crisis? El pensamiento de José Martí nos ayuda. En su breve vida Martí siempre buscaba la paz. Años antes de las grandes contribuciones teóricas de Lenin, Martí entendió bien que el imperialismo es la lógica del capitalismo monopolístico y una fuente principal de las guerras y el sufrimiento humano. Consideró que la liberación de Cuba por “la guerra necesaria” (para lograr la paz) fue la única manera “de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”.

Las ideas de Martí sobre el imperialismo y la paz provinieron de su ética, que combinó su sentido de la justicia social con el principio cada individuo debiera respetar y querer dar al otro. Cualquier injusticia en cualquier rincón del mundo sufrió él mismo. Por eso, Martí concluyó “Patria es humanidad” e insistió en la unidad no solamente de las fuerzas cubanas opuestas al dominio español y a la política anexionista de los Estados Unidos sino también de todas las fuerzas independistas en la región. Por eso, incluyó los puertorriqueños en el Partido Revolucionario Cubano (PRC) que fundó.

Es decir, sin unidad nacional e internacional no es posible un cambio revolucionario y el cumplimiento de la idea “patria es humanidad”, la piedra de la paz. Martí creó el concepto “Nuestra América” para unificar las naciones de América Latina y el Caribe frente a poderes externos, pero también reconoció que fue necesaria la unificación con otras naciones y sus pueblos, incluyendo Estados Unidos. En 1894 escribió en Patria “Después de este hermanamiento de las naciones latinas, y sólo después de esto, podíamos aspirar a una unión fraternal con la otra América, la del Norte".

El pensamiento martiana de “patria es humanidad” influye a un creciente número de países de “Nuestra América” y movimientos sociales del mundo. América Latina y el Caribe todavía tienen niveles de desigualdad entre los más altos, y varias crisis de violencia interna provocadas por el imperialismo y sus aliados como en Colombia y México. Sin embargo, es evidente, como dijo Martí, que cada individuo puede contribuir a la paz humildemente y con amor, respetando y dando al otro – desde el nivel individual hasta el nivel internacionalista. Cuanto más se unieran los movimientos sociales compuestos de tales individuos, mayor sería el desafío a los imperialismos y la chance de establecer la paz.