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“Imperialismo, estado y movimientos sociales latinoamericanos frente al fracaso de la globalización neoliberal,”

“Imperialismo, estado y movimientos sociales latinoamericanos frente al fracaso de la globalización neoliberal,” por James D. Cockcroft*

[translated into English and published in Critical Sociology, v. 32 #1, Winter 2006]

Los líderes principales de los Estados Unidos han tratado de explicar lo que es la globalización neoliberal. Por ejemplo, la más alta representante comerciante estadounidense pronunció una vez que “La globalización es los Estados Unidos.” Sobre América Latina y Canadá el Secretario de Estado Colin Powell ha declarado que “Nuestro objetivo es garantizar para las empresas nacionales el control de un territorio que se extiende desde el Ártico hasta la Antártica y el libre acceso sin ninguna clase de obstáculo de nuestros productos, servicios, tecnologías y capitales por todo el hemisferio.” Condoleeza Rice, Consejera de Seguridad Nacional, ha dicho que “Nosotros queremos cambiar a la mente iraquí.”

Es decir, el imperialismo es la globalización, y el ALCA (Área Libre de Comercio de las Américas) es la anexión de América Latina. El rol del estado en todo esto es evidente. La idea de que el estado ha muerto debido a la globalización neoliberal y su privatización de sectores económicos estatales es una idea indemostrable, virtual y carente de contenido teórico o realista.

Los autores clásicos sobre el imperialismo, como el antimarxista Hobson y los marxistas Lenin y Luxemburgo, lo han definido como la expansión necesaria del capitalismo en su etapa de dominación por el capital monopólico. Actualmente, los Estados Unidos controla mucho más de la mitad de las mayores compañías y bancos en el mundo y es el poder imperialista principal.

Para extenderse y garantizar este control de las grandes empresas se necesita la expansión militar y las guerras “sin fin”. Cómo ha escrito el políticamente liberal periodista del New York Times Thomas Friedman, la mano invisible del mercado nunca funcionaría sin “el puño de hierro” de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos que “mantiene el mundo seguro para las tecnologías del Valle Silicón”, McDonald’s y “McDonnell Douglas, el diseñador del F-15 de la Fuerza Aérea estadounidense”.

Reflejando y estimulando los intereses del capital monopólico, el gobierno norteamericano implementa una militarización del mundo que amenaza, bajo el pretexto de “la guerra contra el terrorismo”, ataques preventivos militares a sesenta naciones. Esta militarización es para asegurar e incrementar el control de los recursos naturales, la expansión del gran capital industrial y financiero, y las mejores condiciones por las inversiones y comercio de los Estados Unidos.

Por eso el Estado norteamericano ha establecido más de 700 bases militares en 132 países, incluyendo casi toda América Latina, en donde recientemente sufrió el rechazo por el pueblo puertorriqueño del uso de la isla Vieques como zona de “práctica” de bombardeos. En solamente el año 2001, más que 15,000 militares latinoamericanos fueron capacitados por el gobierno estadounidense (en la renombrada Escuela de las Américas de triste fama por su entrenamiento de dictadores de las guerras sucias). También se ha desarrollado mucho nuevo entrenamiento norteamericano de las policías en América Latina. El Plan Puebla Panamá, el Plan Colombia y la más reciente Iniciativa para la Integración Regional Sudamérica, presentados como planes de “integración económica y desarrollo sustentable”, constituyen en realidad el ala militar del ALCA, una forma de recolonización de América Latina. Varias compañías norteamericanas, por ejemplo Coca Cola y Drummond Co. Inc., una empresa minera de Birmingham, Alabama, hablan públicamente de su uso de fuerzas militares y paramilitares en Colombia para reprimir huelgas y asesinar sindicalistas, así manteniendo altos niveles de producción a bajos costos. En muchos países andinos (y en Cuba en el caso de la fiebre dengue, entre otros) los Estados Unidos ha llevado a cabo un bioterrorismo contra campesinos cultivando coca y otros cultivos.

Mientras tanto, Monsanto y seis otras empresas que dominan los agro-negocios y la biotecnología mundialmente, están comercializando los productos transgénicos y fácilmente obteniendo nuevos patentes bajo las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), así agarrando el control de todas las semillas en la agricultura y terminando la soberanía de alimentación de los pueblos, con consecuencias desastrosas para el ambiente y la salud humana. Junto con ellas, un puñado de compañías farmacéuticas se están aprovechando de los derechos de “patentes de propiedad intelectual relacionados al comercio”, reconocidos por la OMC, para saquear la flora y fauna – la famosa “bio-piratería”. Ésta incluye el pillaje de los conocimientos científicos de grupos indígenas, una tradición de 500 años que ha beneficiado mucho al desarrollo de la medicina occidental.

Como una parte de su estrategia de seguridad nacional, el Estado norteamericano prevé la posibilidad de dirigir armas biológicas o un virus tóxico a genotipos específicos, por ejemplo Árabes, negros, o cualquier grupo que quisiera atacar. No es por nada que el gobierno norteamericano les han negado el permiso de entrar al país a los inspectores internacionales investigando la posible existencia de armas química-biológicas, prohibidas por tratados internacionales desde los fines de la década de los setenta.

Es más. Un documento clasificado, divulgado a la prensa en octubre de 2002 y preparado por el "Defense Science Board" para el Secretario de Defensa Donald
Rumsfeld, revela un plan del Pentágono para usar un nuevo "Proactive, Preemptive Operations Group (P2OG)" para llevar a cabo misiones violentas y secretas con la meta de "estimular reacciones" entre grupos terroristas para provocar ataques contra gente inocente, y así crear un pretexto para otra guerra o cualquier acto de “defensa de la seguridad nacional”. Se habla en muchos lugares de un auto-atentado para justificar nuevas guerras, posiblemente contra Irán, Siria o Cuba. Además, el gobierno norteamericano ha declarado varias veces su intención de usar armas nucleares si fuera necesario.

El estado delincuente norteamericano es el único estado que ha sido condenado por el Tribunal Internacional en La Haya, Holanda, por haber cometido el terrorismo internacional (en Nicaragua, 1986), y que ha vetado una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU llamando a los gobiernos a observar las leyes internacionales. No es por nada que en 2003 la OEA echó los Estados Unidos de su Comisión de Derechos Humanos. Esto fue antes del descubrimiento de las torturas y crímenes de lesa humanidad en la prisión de Abú Ghraib en Bagdad.

Pero en las palabras de Rumsfeld, “la libertad significa ser libre para hacer la maldad.” Por eso hay más de diez mil prisioneros en cárceles secretas estadounidenses en varios países, según el New Zealand Herald (17 de mayo de 2004), y no se sabe cuantos cientos de asesinatos por la tortura.

Desde hace décadas han existido programas integrales del imperialismo de torturas, desapariciones y asesinatos, estilo “Operación Cóndor”. Es una práctica que se ha documentado desde hace mucho tiempo en las cárceles norteamericanas también, contra presos políticos. Hay que sentirse por los ciudadanos estadounidenses que el presidente puede señalar como “combatiente enemigo”, y por consiguiente retener en confinamiento solitario indefinidamente sin ningunos derechos. Muchos de los sospechosos terroristas detenidos en distintas partes del mundo son los nuevos desaparecidos del nuevo siglo. Bush mismo ha dicho al congreso nacional que tres mil de ellos, en sus palabras, “Digámoslo de este modo: ellos han dejado de ser un problema para los Estados Unidos.”

Es importante anotar que el imperialismo estadounidense tiene un carácter sumamente político. Las mayores corporaciones y bancos están muy integrados con el estado y los dos partidos políticos, y el estado busca una hegemonía política, inscripta en mecanismos institucionales políticas y económicas como la ONU y el FMI (Fondo Monetario Internacional), Banco Mundial y BID (Banco Interamericano de Desarrollo.) Por eso, y no solamente por agarrar el control del petróleo, las administraciones de Clinton y Bush prepararon la guerra contra Irak – para afirmar su hegemonía militar, económica y política sobre los rivales imperialistas de Europa y Japón. En las palabras de un documento oficial que circuló por Internet a mediados de septiembre 2002, "The National Security Strategy of the United States of America", la meta es, a través de "la guerra preventiva, global e infinita", establecer un “dominio espectral completo”.

"United States Space Command Vision for 2020," entregada a la prensa en junio de 2002, menciona planes de intervención en Colombia, Venezuela, Ecuador, Panamá y Perú, o sean, “Estados fracasados”, cuya “viabilidad” dependería de la “ayuda” estadounidense. Esta es una doctrina que, se supone, se podría aplicar a cualquier país, como fue aplicada en Haití en el año 2004.

Hoy, la economía del planeta está basada en relativamente poca producción, debida a la crisis de sobreproducción. Hay cada vez más especulación financiera, tráfico de drogas y sexo, lavado de dinero, y venta de armas y guerras regionales. El oro y la plata que reinaron en el siglo XVI ahora se han trocado por los estupefacientes
del narcotráfico y el lucro de las ventas de mujeres y niños quienes, a diferencia de los estupefacientes, se pueden vender más que una vez. Por eso muchos economistas estiman que las ganancias del tráfico en mujeres son mayores a las del tráfico en los estupefacientes. Aun peor son los casos -- muchos todavía no conocidos – de esclavitud de las mujeres, y de violencia mortal contra ellas (p. Ej., caso de Ciudad Juárez, México).

Debido a tanto especulación financiera y expansión mundial y centralización de los bancos y compañías de seguros, se habla de una nueva burguesía dominante – la “burguesía rentista”. Pero las burguesías industriales y mercantiles siguen como poderes fuertes y voces influyentes, practicando, con la ayuda de la burguesía rentista, la esclavización salarial. En un asunto, están unificadas todas las fracciones de las burguesías: la ideología del fundamentalismo del mercado de la globalización neoliberal.

A pesar de todo, el imperialismo esta débil y en crisis. El movimiento alter-mundialista ha avanzado bastante. Ya mucha gente se da cuenta que el emperador está desnudo bajo su vestido nuevo de globalización.

Al alba del nuevo siglo, el mundo entró en una recesión económica, con algunas economías nacionales “Argentinizándose.” Siguieron los fracasos imperialistas en las guerras de Afganistán, Irak y, en menos escala, Colombia, las Filipinas y Palestina. La Alianza Atlántica casi colapsó, y surgió un movimiento masivo y global en oposición a la guerra. Todos estos eventos se relacionaron con el estancamiento de la economía estadounidense, que deviene de la larga fase económica descendente desde 1973 a pesar de una recuperación tentativa de la tasa de ganancia en los años noventa.

Fuerte militarmente, el imperialismo estadounidense es débil económica y políticamente. Por eso también lleva a cabo sus guerras infinitas que cree, equivocadamente, poder ganar contra naciones débiles como Afganistán e Irak. El costo en vidas crea en los Estados Unidos un movimiento de familias militares contra la guerra. Los gastos económicos de la expansión militar daña a la economía norteamericana. Muchos generales norteamericanos se preocupan que sus fuerzas están demasiadas expandidas para resistir los contra-ataques de los pueblos.

Además, los Estados Unidos corre el riesgo de que los japoneses, chinos, árabes y otros inversionistas en bonos y mercados financieros estadounidenses huyan hacia otros países. Con los escándalos de Enron, AOL Time Warner, Andersen, Halliburton (vinculada al vicepresidente Dick Cheney) y otras empresas gigantescas, y un déficit monumental en cuenta corriente, la economía norteamericana se encuentra en condiciones de perder el dominio del dólar y el control sobre las otras economías del mundo. (Aun antes de la guerra en Irak, muchos países petroleros y de Europa comenzaron la presión actual para que la cotización y el comercio del petróleo se realicen en euros y no en dólares.)

No es sorprendente que la clase dominante estadounidense comienza a dividirse -- dentro de ambos partidos políticos, las Fuerzas Armadas y la misma Casa Blanca. Estas divisiones no tienen que ver con la meta final de dominar al universo, sino con cuales estrategias y tácticas se deben seguir para lograr tal dominio. ¿Uni-lateralismo o multi-lateralismo? ¿Legalizar la tortura -- o no? ¿Más mercenarios, ejércitos privados y contratistas particulares -- o menos, o ningunos? ¿Honrar a las Convenciones de Ginebra, algunas de cuyas cláusulas el consejero legal de Bush describió en enero de 2002 como “obsoletas y curiosas” – o no honrarlas? ¿Continuar con el FMI, el Banco Mundial y la OMC – o modificarlos, o aun echarlos?

El desafío de los movimientos sociales latinoamericanos

Aunque al largo plazo China pudiera constituir el desafío principal a los Estados Unidos, hoy en día el desafío más grave está la nueva ola de movimientos sociales y la radicalización política electoral en América Latina -- el ofensivamente llamado “patrio trasero” de los Estados Unidos. En cualquier análisis de este desafío al imperialismo, hay que destacar siete puntos frecuentemente subestimados:

(1) El rol de los indígenas, notablemente en Bolivia, Perú, Ecuador, Guatemala y México, pero hasta un nivel sorprendente también en países donde hay pocos de ellos, p. Ej.. Argentina y Chile. Los indígenas de todas las Américas viven y reconocen el hecho que atrás del imperialismo hay más de 500 años de su sujeción genocida y su resistencia. En este sentido, los indígenas se dan cuenta de ciertas realidades fundamentales, como la continuidad del imperialismo; el uso del secuestro, desaparición y tortura rutina; la destrucción ecológica; y la creación y perpetuación de una deuda externa no pagable para el chantaje económico de pueblos enteros. Aun entienden muchos de ellos que el imperialismo norteamericano es el cordón umbilical del imperio Británico y la herencia de la derrota del imperio español.

(2) Los roles de las mujeres y la gente pobre, vistos en el surgimiento de su resistencia y liderazgo -- fueran los casos de las comandantes zapatistas; las Madres de Plaza de Mayo, y las piqueteras y oberas argentinas recuperando fábricas abandonadas por sus patrones; las masas pauperizadas venezolanas y los Círculos Bolivarianos defendiendo a su presidente y al constitucionalismo; las obreras, vendedores ambulantes y amas de casa bolivianas de la gran ciudad El Alto organizando sus comités barriales de defensa y lucha, cuadra por cuadra; o los miles de hambrientos nicaragüenses, quienes lanzaron su marcha de protesta hacia Managua en abril de 2004. Es de sus levantamientos, su toma de conciencia -- y de los nuevos análisis feministas e investigaciones económicas sobre la pauperización y su rol en la acumulación de capital -- que proviene la urgente necesidad de incorporar una teoría del patriarcado y de la triple-explotación de la mujer en cualquier investigación del imperialismo y del desarrollo de los movimientos sociales. Puede ser que si triunfaran las luchas populares y se caiga el imperialismo en el futuro, podríamos mirar atrás y reconceptualizar el imperialismo como no solamente la última etapa del capitalismo, sino también la última etapa del patriarcado (y genocidio, racismo y pobreza masiva.)

(3) El rol de los medios de comunicación como actores políticos. Se ve este rol en los atentos de fuerzas derechistas, mafiosas y pro-imperialistas de provocar incidentes y derrocar gobiernos progresistas, como en los casos venezolanos y cubanos (el acto ilegal y provocador del reciente lanzamiento por el gobierno norteamericano de una plataforma aérea, un C-130 “Comando Solo”, para la transmisión del Radio y TV Martí.) Se lo ve también en la criminalización de los movimientos sociales. En los noticieros, se invocan repetidamente las palabras “actos de violencia” (sin referencia a los agentes provocadores del Estado) para describir las protestas pacíficas del movimiento alter-mundialista, durante eventos como el descarrilamiento de la cumbre de la OMC en Cancún y de ALCA en Miami 2003 (forzando al gobierno norteamericano aceptar un “ALCA flexible”) y el encuentro ineficaz de la Comunidad Europea y naciones latinoamericanas en Guadalajara 2004.

(4) El rol de la juventud, fuera en las calles durante el Argentinazo de 2001, en las huelgas estudiantiles, en los movimientos contra la impunidad de los oficiales militares y políticos de las guerras sucias pasadas y actuales, o en los movimientos a favor de los derechos de las y los homosexuales y transexuales y por “otro mundo posible.”

(5) El rol de los campesinos y sindicalistas, a pesar de las nuevas olas de represión violentísimas dirigidas a ellos. En muchos países, como México por ejemplo, el campesinado en su mayor parte es un nuevo proletariado y funciona como una fuerza de trabajo barata, flexible y migrante, aunque a la vez comienza un proceso de recampesinización cuando tiene que volver a parcelas rurales para cultivar los alimentos mínimos para la supervivencia. Sea en los movimientos cocaleros de los países andinos o el Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem-Terra (MST) de Brasil, las regiones rurales y las afueras urbanas latinoamericanas, por lo general, constituyen una zona de guerra de clases intensivísima.
En el caso de las luchas sindicales, los trabajadores desarrollan nuevas formas de lucha contra los patrones y los “charros” (líderes corruptos de sindicatos oficiales que sirven a los patrones), como la formación de confederaciones sindicales independientes (p. Ej., Frente Auténtico del Trabajo, FAT, en México) o alternativas (p. Ej., Unión Nacional de Trabajadores, UNT, en México, y la nueva confederación del mismo nombre en Venezuela), y la internacionalización de sus luchas. Casos sobresalientes incluyen varias luchas en las maquiladoras de México y Centroamérica y las fábricas de Coca Cola en Guatemala y Colombia. Otro caso ejemplar es la huelga de los 625 trabajadores afiliados al independiente Sindicato Nacional Revolucionario de Trabajadores de la Compañía Hulera Euzkadi, propiedad de la trasnacional alemana Continental Tire, en El Salto, Jalisco. En Febrero de 2004 el SNRTE ganó el reconocimiento oficial de la existencia legal de su movimiento de huelga iniciado hace más de dos años, y en mayo sus líderes viajaron a Alemania para agarrar aún más apoyo internacional. Muchos sindicatos participan también en las grandes manifestaciones alter-mundialistas, como en Cancún o Miami 2003 y Guadalajara 2004, o en el Foro Social Mundial (FSM) que atrae más que cien mil participantes del movimiento alter-mundialista a sus encuentros internacionales anuales.

(6) El rol de los fundamentalismos, y no solamente el fundamentalismo terrorista de algunos grupúsculos musulmanes o el fundamentalismo terrorista cristiano del grupúsculo en la Casa Blanca, Washington, mejor conocido como el terrorismo de Estado practicado por el imperialismo desde hace décadas. Más significativo es el fundamentalismo del mercado de la globalización neoliberal que subyace todos los fundamentalismos en sus etapas contemporáneos. Este fundamentalismo tortura millones de personas diariamente. Por año se mueren 36 millones de personas por hambre; la mitad de los niños en el mundo sufren de desnutrición. La desposesión y la pauperización masiva son dos métodos principales de la acumulación de capital usados por los dueños de capital en la época de la globalización neoliberal. Además, este fundamentalismo del mercado incrementa el terrorismo de Estado, debido a su esfuerzo de controlar las condiciones de producción y distribución de la riqueza y de reprimir a los movimientos de resistencia.

(7) El creciente reconocimiento entre los pueblos de América Latina de la necesidad de aliarse sus luchas e internacionalizárselos. Ejemplos del nuevo internacionalismo incluyen La Marcha Mundial de las Mujeres (www.marchemondiale.org), que incorpora a mujeres latinoamericanas, quienes han propuesto acciones al nivel regional hasta 2005, continuando su participación en la Campaña Continental contra el ALCA patrocinada por la Alianza Social Continental; el MST en Brasil, que forma una parte de la Vía Campesina, una red de movimientos de campesinos en 87 países; la campaña por la desmilitarización de América Latina, iniciada en Chiapas en 2003, que ya tiene lazos con la campaña internacional de cerrar todos los bases militares estadounidenses en el mundo; y el Foro Social Mundial (FSM), que es una forma de asamblea general anual de los alter-mundialistas de todo el planeta convocada en Porto Alegre, Brasil (y en 2004, Mumbai, India.)

Al comenzar el nuevo siglo, los movimientos sociales latinoamericanos lograran una serie de victorias sensacionales. Los pobladores de Cochabamba, Bolivia, ganaron su “guerra del agua” contra la trasnacional estadounidense Bechtel. Un levantamiento popular indígena protestando contra Occidental Petroleum y el mal gobierno de Ecuador derrocó el presidente. El “Argentinazo” de 2001 derribó tres presidentes consecutivos. El próximo año, hubo la gigantesca victoria electoral de Luiz Inacio Lula da Silva en Brasil. Se comenzó hablar en Washington de un nuevo “eje de maldad” – Brasil, Venezuela y Cuba – y de la posible necesidad de crear un “protectorado económico” en Argentina.

El Estado norteamericano intensificó su movilización del Pentágono, la CIA, la DEA (el organismo antidrogas de Estados Unidos), el servicio de guarda costas, el Comando Sur y el nuevo Comando Norte (que unifica las fuerzas armadas de México, Estados Unidos, y Canadá bajo el mando de oficiales estadounidenses), para implementar una política de intervención sofisticada, coordinada y bien armada con las más modernas tecnologías de guerra y espionaje. Sin embargo, los movimientos sociales redoblaron.

En 2002, “Los sin Techo” y mil mujeres indígenas de CONAMURI, entre miles de otros paraguayos, llevaron a cabo 17 cortes de ruta y marcharon al congreso, logrando la derrota de dos propuestas leyes antiterroristas y de privatizaciones. En el sur de Perú, una coalición popular forzó la suspensión de la privatización de la energía eléctrica. En Bolivia, Evo Morales, un campesino indígena del Movimiento al Socialismo (MAS), “ganó” la pluralidad de votos en la elección presidencial (estilo Cuauhtémoc Cárdenas en México 1988, o “él que gana pierde”.) El programa anti-neoliberal del MAS apoya la re-nacionalización de los bienes privatizados, incluyendo el petróleo y el gas; una nueva reforma agraria; y la convocatoria de una Asamblea Constituyente electa libremente.

El año siguiente, ocurrió una serie de victorias electorales contra candidatos de la derecha. En Argentina Kirchner derrotó a Menem y desafió al FMI. En Paraguay, ganó la presidencia un candidato quien apostó por el Mercosur. En Colombia, las fuerzas del presidente Álvaro Uribe perdieron su referéndum y muchas alcaldías, incluyendo la de Bogotá, ganada por la alianza de centroizquierda Polo Democrático.

La insurrección boliviana de octubre de 2003 en “la guerra del gas”, anticipada en parte por la huelga policial de febrero, derribó un presidente lacayo de la embajada norteamericana. En Uruguay, los votantes derogaron la ley que permitía a la petrolera estatal asociarse con capitales extranjeros, dejando el Frente Amplio con buen chance de ganar la presidencia en octubre de 2004.

Aun en Chile, donde la represión estilo pinochetista se ha modificado y modernizado, hubieron nuevas protestas contra la alianza informal entre el gobierno “socialista” y la extrema derecha. Éstas incluyeron huelgas de transportistas; marchas por alumnos de las escuelas secundarias; huelgas de hambre de presos políticos y parientes de los desaparecidos; y manifestaciones por los jóvenes de las “Brigadistas de la Memoria”, que incluyen frecuentes “funas” (llamadas “escraches” en el resto del Cono Sur, o sea manifestaciones a frente de los domicilios, clubes u oficinas de los individuos militares y civiles responsables de las guerras sucias, demandando un fin de la impunidad.)

Lo que está en juego en América Latina es nada menos que la soberanía de todos los países y el control de sus riquezas naturales, incluyendo el petróleo, la energía y la mano de obra barata; la biodiversidad y fuentes de agua potable; las escuelas, hospitales, viviendas, transportes, seguros sociales, jubilaciones y otras instituciones de servicio público; los bancos e industrias; y, sobre todo, la continuación de los movimientos sociales. Estos movimientos protestan la privatización de la naturaleza; la commodificación de la vida; y el pillaje que significa la globalización neoliberal impuesta por el imperialismo, junto con el chantaje de las deudas externas ilegítimas (y no pagable en muchos casos, como lo argentino, lo haitiano y la mayoría de países centroamericanos.)

En el caso mexicano los ladrones millonarios de México y otros países están tratando de usar el gobierno derechista de Vicente Fox para privatizar todo, incluyendo el sistema público de educación, a través de aquel chantaje-deuda y nuevas reformas de una constitución que todavía es una de las más progresistas del mundo. Así, intentan acabar con el derecho humano a un trabajo y un salario digno, y cobrar más impuestos sobre los alimentos, las medicinas, los libros y las prestaciones. Sin embargo, desde antes y después de1994, cuando se levantaron los zapatistas en Chiapas, los movimientos sociales mexicanos han resistido fuertemente al entreguismo de Fox y sus antecesores priistas en la presidencia. Ejemplos incluyen la campaña del SME (Sindicato Mexicano de Electricistas) contra la privatización de electricidad, y el movimiento de los ejidatarios de San Salvador Atenco, quienes en 2002 derrotaron los planes de Fox para construir un nuevo aeropuerto internacional en su tierra.

Según varias fuentes, incluyendo el Banco Mundial y la Organización Internacional de Trabajo (OIT), la pobreza latinoamericana está incrementando. Más que la mitad de la población carece de trabajo decente, y setenta por ciento de la gente trabaja en el sector económico “informal.” Uno de cuatro habitantes del planeta carecen de agua potable, incluyendo 80 millones de latinoamericanos. Por el año 2025, no habrá agua para la mitad de la humanidad. Las inversiones extranjeras directas en América Latina y el Caribe han disminuido por cuatro años consecutivos (2000-2003), mientras que la salida de divisas de la región por concepto de ganancias remitidas por las empresas trasnacionales a sus países de origen han aumentado. En breve, el genocidio económico de la globalización neoliberal sigue en marcha.

Por eso hay un nuevo ascenso popular y una intensificación de la lucha de clases en toda América Latina. A la vez hay fuertes contra-tendencias: desestabilización de gobiernos de centro-izquierda o populistas-nacionalistas; complots y movilizaciones contrarrevolucionarias; represiones selectivas o masivas; aceleración de la violencia contra las mujeres, los gays y transexuales, y las minorías étnicas y asociaciones progresistas; y amenazas graves contra la soberanía de países como Venezuela y Cuba.

El movimiento social mayor en América Latina es lo del pueblo cubano, resistiendo al fortalecido asedio norteamericano. En mayo de 2004, más de diez por ciento de la población cubana llenaron las calles de La Habana para denunciar los nuevos planes contra-revolucionarios del gobierno estadounidense de imponer un “cambio de régimen” en la tierra martiana, la única liberada del imperio.

El sistema social y político en Cuba constituye la alternativa más completa lograda hasta hoy por una nación al orden imperialista de explotación, depredación ecológica y despojo impuesto al mundo por el imperialismo y su globalización. El estado cubano es el único en el mundo que ha condenado y resistido la doctrina agresiva estadounidense de “guerra preventiva y permanente”, antes y después de la invasión a Irak. Además, ha combatido al terrorismo desde hace décadas. Cinco jóvenes cubanos están encarcelados en los Estados Unidos bajo los cargos falsos de ser espías o asesinos, mientras los terroristas espiados por ellos en Miami gozan de plena libertad y hasta aparecen junto a Bush II y otros funcionarios públicos que los tratan como héroes. Los cinco Cubanos entregaron información al FBI estadounidense que permitió evitar 170 ataques terroristas. A la vez, es posible que hay inmensos depósitos de petróleo en la parte cubana del Golfo de México. Todo esto ha causado el gobierno bushiano incrementar la campaña de “cambio de régimen” contra el pueblo cubano, creando un peligro bastante grave para toda Nuestra América, como la llamaba José Martí.

¡Sí, hay alternativas!

A los defensores del capitalismo les gusta decir que “no hay ninguna otra alternativa.” ¡Pero sí, hay – y muchas!

Los participantes en el FSM y en sus foros regionales (como el Primer Foro Social Américas en Quito, Ecuador, del 25 al 30 de julio 2004) regularmente consideran varias alternativas creativas y realistas, con una tolerancia mutua para diferentes ideas y un deseo de aprender de otras culturas e individuos. Es igual en el caso de los primeros dos encuentros internacionales de prominentes intelectuales activistas “en defensa de la humanidad” (Ciudad de México, octubre 2003, y Caracas, 30 noviembre-5 diciembre 2004), donde hay una promoción de la diversidad cultural; un respeto para las identidades nacionales; y un rechazo del “pensamiento único” y la privatización y monopolización del conocimiento ante la avalancha consumista y banal.

Durante la inauguración del primer Encuentro internacional en defensa de la humanidad, un joven intelectual mexicana internacionalista, Raquel Gutiérrez Aguilar, ex-preso político en Bolivia, opinó que la mejor fuente de alternativas para resolver los problemas del mundo queda en “el sentido común de la disidencia.” Ese sentido común dice que, si la globalización actual es el imperialismo, es decir la expansión del capital monopólico, entonces la única solución a los problemas creados por la globalización es la socialización de aquellas grandes empresas y sus sucursales en América Latina y otras partes del mundo. Lógicamente, para lograr esto, se necesitan nuevas alternativas anticapitalistas y revolucionarias – bien pensados, organizados, pluralistas, participativas y democráticas – y alianzas internacionalistas.

Una alternativa que a menudo surge es la de “una tercera vía”, por ejemplo, el “Consenso de Buenos Aires.” Originándose en una alianza estratégica entre Brasil y Argentina, esta alternativa busca frenar la firma del ALCA en las condiciones impuestas por Estados Unidos. Pretende ser una proyecto diferente del “modelo neoliberal”, un neoliberalismo con “cara humana” -- una contradicción obvia en términos.

Otra alternativa muy popular es la del “crecimiento sustentable,” una forma de desarrollo económico más responsable y ambientalista. Esta alternativa tampoco es posible dentro de un sistema capitalista, porque la meta de cualquier empresa capitalista es maximizar las ganancias, con poco respeto a las posibles consecuencias en el ambiente.

Una alternativa popular en Brasil es el famoso “presupuesto participativo”, introducido en Porto Alegre y otras ciudades. Es un buen ejemplo de participación democrática desde abajo. Pero esta alternativa local no sirve para mucho si a todo el país le faltan los fondos para crear un presupuesto adecuado para combatir al hambre y otros problemas graves.

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, apoya una alianza “bolivariana” para unificar comercial y políticamente los estados latinoamericanos. Esta idea es muy útil, como una manera de rechazar a las injerencias imperialistas económicas. Pero aún mejor, y más inmediatamente posible, sería un acuerdo internacional entre varios estados proclamando el no pago de la deuda externa. Tal ruptura con el capital financiero dejaría los fondos disponibles, y crearía el espacio, para un sistema económico más justo.

Mucha gente llama esta alternativa un tipo de “socialismo internacionalista”, pero no funcionaría bien sin una participación masiva desde abajo, una buena organización también democrática, y una voluntad de defenderla – como se dice en Cuba – “hasta la muerte,” o “¡hasta la victoria, siempre!” Por la supervivencia de la humanidad y del planeta, esta alternativa se discute cada vez más en las reuniones de los alter-mundialistas e intelectuales de las Américas y del mundo. Es una alternativa que puede incorporar a muchas otras buenas alternativas.

* Este ensayo es una expansión de una conferencia magistral impartida en El Congreso Internacional “La Nación en América Latina: de su invención a la
globalización neoliberal,” 24-31 de mayo, 2004, en el Instituto de Investigaciones Históricas, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, y el Colegio de Estudios Latinoamericanos (CELA), Facultad de Ciencias y Políticas, Universidad Nacional Autónoma de México. El latinoamericanista estadounidense Dr. James D. Cockcroft, Research Fellow del Instituto Internacional de Investigación y Formación en Amsterdam, Holanda y profesor de la Universidad del Estado de Nueva York, ha escrito 35 libros sobre América Latina, asuntos internacionales y derechos humanos, incluyendo América Latina y Estados Unidos Historia y política país por país y La Esperanza de México (ambos México: siglo veintiuno editores, 2001.)
jcockcro@yahoo.com